Un lugar muy importante para el desarrollo de mi vida ha sido la Región del Maule. Una zona agrícola con muchas tradiciones campestres que se convirtió en el escenario ideal para desarrollar mis múltiples alegrías, grandes logros y mágicos sueños. Lamentablemente el 27 de febrero de 2010 este contexto que me define y también a otros maulinos cambió radicalmente, a causa de un terremoto y tsunami que afectó a gran parte del país.
A las 3:30 de la madruga la tierra se movió bruscamente y de inmediato trajo destrucción en las cuatro provincias que conforman la Región. Desde ese instante para muchos las cosas no han sido fáciles, pero gracias a diferentes iniciativas -tanto privadas como públicas- la reconstrucción espiritual y material de mi querida tierra avanza paulatinamente por el sendero correcto.
GRACIAS A UNA INVITACIÓN
Un claro ejemplo de estas acciones solidarias, en la cual tuve la oportunidad de participar gracias a la invitación de un amigo, fue la denominada La Ruta de la Alegría.
Durante tres días jóvenes profesionales provenientes de Santiago cambiaron la comodidad de sus hogares y llegaron hasta mi entrañable Linares, para trabajar en el rescate de sonrisas de cientos de niños y niñas afectados por la tragedia a través de creativos y entretenidos juegos.
En total fueron nueve jóvenes con quienes tuve la oportunidad de compartir sus anhelos y de aprender las ganas de ayudar a cerca de 500 niños en las comunas de Yerbas Buenas, San Javier y Retiro.

La experiencia fue maravillosa, pues conocí el mundo desinteresado de gente joven que colaboró sin esperar nada a cambio. Más aún, debo recalcar que dejaron de lado a sus familias en un fin de semana largo para auxiliar los pequeñitos de mi Región y vivieron los inconvenientes de un desplazamiento por carreteras aún dañadas, alargando considerablemente las horas de su viaje.
En detalle debo reconocer que cada jornada fue extenuante y enriquecedora. Realmente la energía de los niños y niñas fue cautivante minuto a minuto en cada actividad realizada. La “ronda de San Miguel”, “corre que te pillo”, “el baile entretenido”, “karaoke”, “los colores” y “el congelado” fueron sólo algunos de los juegos que en conjunto con los talleres de arte, recreativos y deportivos llenaron nuestros corazones de satisfacción gracias a las risas que brotaban en cada rincón donde La Ruta de la Alegría llegó con su team.
Personalmente “pintar caritas” y jugar con ellos me permitió conversar, saber sus intereses, conocer sus miedos, asombrarme con su ternura, agradecer su inocencia y ver como cada rostro se iluminaba cuando decían gracias.

Los tres días transcurrieron muy rápido y finalmente los nueve jóvenes santiaguinos debieron regresar a su realidad, sin embargo, puedo asegurar que sus vidas cambiaron para siempre al igual que la mía… ya que, además de dejar huella en los corazoncitos maulinos y de enseñarme a valorar aún más el espíritu solidario y el trabajo mancomunado, ellos tuvieron la oportunidad de conocer el escenario que tanta felicidad me ha entregado y de llevarse un pedacito de ella. Asimismo, gracias a la invitación a participar en La Ruta de la Alegría pude devolverle -en parte- la mano a mi querida Región del Maule y ayudar en la gran tarea de levantar esta hermosa zona.
¡¡¡ Gracias por la invitación !!!
La Ruta de la Alegría fue una experiencia de vida.


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