La Ruta de la alegría partió, creo yo, como todos los voluntariados que se han manifestado a raíz de lo ocurrido en nuestro país en febrero de este año.
Tres personas, Karina Nazar, Any Barahona y yo, estábamos conversando acerca de que queríamos ayudar de alguna manera a los niños y niñas afectados por el terremoto en el sur. Nuestra consigna era dar una sonrisa a los niños y niñas damnificados y con esa simple idea todo partió.

Veíamos que todas las miradas y preocupaciones estaban centradas en suplir las necesidades básicas, de alimento y abrigo, y que los padres estaban preocupados de defender sus hogares a como diera lugar. Pensamos que era necesario devolver la sonrisa a los niños del Maule. Revivir su capacidad de jugar y devolverles el derecho de soñar, de vivir plenamente la etapa más hermosa de sus vidas.
Cada una empezó a conseguirse juguetes con familiares y amigos. Creamos un grupo en Facebook y se comenzaron a sumar cada vez más personas con muchos juguetes. En un principio nunca pensamos llevar lo recolectado al sur ni menos llevar huevitos de chocolate ni juegos, ni nada, era sólo reunir juguetes y enviarlos con alguien. Hasta que en una ida común y corriente al supermercado, vi que había conejitos y huevitos de chocolate por todos lados y recordé que se venía la Pascua de Resurrección. ¿Qué más simbolico que esto? Todos los niños y niñas esperan sus huevitos de pascua y eso es lo que necesitaban: salir adelante y pasarlo bien durante un fin de semana.
Es así como comenzamos a movilizarnos y a sumar gente. Esta vez, sí con la idea de ir a compartir personalmente con los niños y niñas. No sabiamos cómo, pero sí que teniamos que hacerlo.
Así como dice el dicho “preguntando se llega a Roma”. Eso hicimos y después de ofrecer nuestra ayuda en algunas localidades del sur y, por medio, de Francisco Pinochet, llegamos a contactarnos con la senadora Ximena Rincón quien nos contactó con algunos lugares afectados, nos dio alojamiento y nos consiguió movilización dentro de la Región del Maule. ¡Sin duda una gran ayuda!
Comenzamos a darnos cuenta que esto iba enserio, que teníamos que ir a algo más que entregar juguetes y huevitos... Así, en una tarde de varios cafés junto a Soledad Cortés (¡y salió verso!) nació La Ruta de la Alegría, la que llevaría talleres de entretención y una kermesse con muchos juegos para que los niños y niñas participaran para ganar juguetes y chocolates.
Comenzamos a llamar a personas para que se sumaran y contactamos a algunas empresas y particulares que nos ayudaron sin pensarlo dos veces. Algunos de los que podemos mencionar y a la vez agradecer es a Dos en Uno que nos donaron cientos de Sapitos, galletas y masticables que los niños disfrutaron en sus colaciones. También Soprole que aportó con ricos jugos y leches para que les diera más energía a los niños. La casa de la juventud de Lo Barnechea aportó con dinero, con lo que pudimos comprar huevitos de chocolates, pinturas para la cara, pinceles, plumones, blocks y varios otros matriales. Otra gran ayuda en lápices, cartulinas, pegamento y temperas, fue la librería de la señora Nelly Álvarez, ubicada en la calle Meiggs, que junto a varios otros locales del sector, creyeron inmediatamente en nosotros y nos regalaron juguetes por montones.
Sin duda son muchos los que se me quedan atrás: personas naturales que nos ayudaron como Francisca de la Fuente, Jorge Nazar, Elsa Naser, Carolina García, Natacha Nuñez, Valentina Vicente (que movilizó a sus amigos y conocidos y nos regaló muchos huevitos de chocolate), igual que Rafael Rodríguez (a quien ni siquiera lo conozco) y que nos regaló chocolates de inmediato, al señor que rápidamente nos llevó en camioneta a dejar cientos de cajas hasta el camión que partía a Linares y, por supuesto, al manejaba el camión que llevó las miles de cajas al sur, el señor Amado.
De manera personal quiero agradecer a todos los que se fueron sumando a esta iniciativa: Francisca Fernández que se sumó enseguida y nos ayudó a recolectar muchos juguetes y que fue al sur y estuvo a cargo del taller de artes manuales. Aportó con sus iniciativas, supo poner orden cuando lo necesitábamos y fue nuestro pepe grillo en momentos en que el cansacio nos sobrepasaba. Valentina “Tini” Córdova que apañó apenas la invitaron y sin ella las actividades grupales con los niños: el taller de deporte, el gran bingo y las reuniones entre los de la ruta, jamás habrían sido tan buenas, musicalizadas y divertidas, ¡lejos un tremendo aporte! Daniella Ramírez que partió sólo ayudándonos a recortar orejitas de conejo y se empapó tanto con la buena onda del proyecto que decidió de un día para otro acompañarnos al sur y nos entregó su buena onda, su enganche con la gente y sus maravillosas fotos. Natalia Vergara que desde lejos veía como trabajábamos y pensaba que ya era tarde para sumarse a esta iniciativa, pero bastó el “upa“ y ya estaba entregandonos su infinita alegría y todo su conocimiento en el ámbito comunitario. Nuestro único hombre, Sebastián J. Echeverría que sin querer queriendo se sumó enseguida. Nos ayudó con sus contactos con sus conocimientos en redes sociales y en el sur, a pesar de ser “el tío pesado”, apañó en el taller de deportes hasta el final y se puso a nuestra disposición en todo. Además de aguntar todos mis momentos de desesperación y de mal humor en todo lo que conllevaba la organización y los problemas que se fueron presentando en el camino.

Y hubo un grupo de voluntarios muy especiales: los grandes linarenses que se unieron a nosotros de inmediato. Felipe Pinochet, quien con su alegría, su sonrisa non stop y su ayuda sin reclamar nos hizo adorarlo de inmediato. María Jesús “Tutú” Espinoza (¡grande Tutú!) que participó en el taller de baile el primer día, haciéndolo tan bien y gustándole tanto, que no nos abandonó más y estuvo hasta el último minuto, siendo una más del equipo, pese a todas sus reuniones sociales. Carla Müller que, si bien no es oruinda de Linares (por ahí está su corazón), nos apoyó en todo, se preocupó de nuestros almuerzos, aportó en el taller de manualidades y fue un éxito en el estand “Póngale la cola al burro”. Luis Zenteno que todos los días llevaba un integrante nuevo de su familia para ayudar, nos aconsejó en un momento de caos y lo más importante... sin su olla y sus ricos tomates no nos hubiéramos alimentado.
Y me toca repetir nuestro agradecimiento a Francisco Pinochet, a quien le sacamos más de una cana verde ya que siempre estuvo a nuestra disposición. A Karina Nazar, una de las más creativas. Movilizó a toda su familia para ayudar y nos entregó su infinita preocupación por saber cómo estaba cada uno de nosotros y apañó en todo lo que se le pedía A la Any Barahona por su dulzura con los pequeños, por ser también de las más creativas y por siempre darnos temas de conversación, discutiendo y compartiendo, y por organizar cada estand... Sin tu ayuda los niños me hubieran linchado cuando se acabaron los premios.
¡Gracias a todos! ¡Y que el ritmo no pare! La Ruta de la Alegría continuará...


Coti te pasaste!!!
Que lindo lo que escribiste me mató!
Fue muy bueno haber ido, me rei a gritos, lo pasamos bien e hicimos lindas cosas. Fue una muy linda experiencia.
Un abrazo a todo el tremendo equipo que se armó.
Con amor,
Tini.